La piel

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Decía Floriano en un vídeo electoral que al PP le faltaba piel. El órgano más grande del cuerpo, el que nos mantiene en contacto con el mundo, se había vuelto una cápsula estanca para aislar a los conservadores, como si tuvieran miedo de pillar una infección popular. Floriano atinó con que Rajoy ha tenido estos años un problema de revestimiento, pero lo del PP no ha sido un deterioro dermatológico sino una estrategia profiláctica. Con el vigor del poder omnímodo que los ciudadanos le entregaron en el 2011, enseguida el PP se enfundó un preservativo para protegerse de los efectos de su gestión. El forro los mantuvo tan a salvo del impulso de la calle que un día los volvió ciegos a sus latidos.

Más que tristes, los del PP andan estos días estupefactos, con ese rictus escurridizo que desencadenan las sorpresas. La invitación a mirarse al espejo que esta semana profirió Herrera los tiene a todos cuadrados frente a su reflejo con la inquietud desconocida de quien se encuentra en el ceño esa primera arruga que anticipa la visita inexorable de la muerte. La borrachera de poder del 2011 inoculó en el partido una falsa convicción de inmortalidad que los volvió soberbios e incapaces de detectar que el lustroso traje que creían portar era una ilusión confusa que apenas enmascaró sus vergüenzas unos meses. En estos años, mientras el espejo les devolvía una imagen sublimada de sí mismos, en el desván envejecía su retrato. Cuando el domingo las urnas le quitaron el velo encontraron allí el aspecto preciso de lo que los ciudadanos veían mientras escuchaban a Rus contar mordidas y a Rajoy despachar la ignominia con un infame «somos como somos». Ni más ni menos.