Los padres de Messi

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

El fútbol convertido en circo y en negocio tiene cada vez menos interés. Todo parece una apuesta. Los equipos ya casi no juegan ni con sus colores de toda la vida. Hay que vender camisetas. ¿Dónde quedan aquellas frases sobre que de lo único que no se cambiaba uno en la vida era del equipo de sus amores? Tanto mercado obliga a que muchos amantes del balón hayamos pasado a volcarnos en los categorías inferiores, donde parecía todavía que brillaba el grial del deporte como una manera de ser nobles y de aprender nobleza. Semejaba que en el llamado fútbol modesto es donde estaba la salvación de aquel sitio de nuestro recreo. Pero tampoco. Ahora que, al igual que en las ligas profesionales, se llega a las finales, asistimos con creciente pasmo a las barbaridades que se ven y se escuchan en las gradas de las categorías inferiores. Llegados a los partidos importantes, ya no hay recato. Los padres, sí, los padres ya no disimulan y se lanzan a gritar a favor de sus pequeños como si la vida les fuese en ello. Pero no gritan simplemente animándolos. No. Gritan insultando al rival. Gritan frases que chavales de esa edad no deberían oír. Sucede hasta en las categorías de los más pequeñitos. Demasiados padres que creen que su hijo es Messi. Demasiados padres que no solo insultan al rival. A veces, lo he escuchado, insultan hasta a los compañeros de sus hijos por no dar un buen pase a su niño, a superMessi. Increíble, pero cierto. Muy probablemente su hijo no será nunca Messi. Pero el padre que vocifera lo cree con una fe que recuerda a las que en otros tiempos organizaban hogueras. Visto lo visto y escuchado lo escuchado, tampoco el fútbol modesto es refugio del deporte como nobleza y espíritu de equipo y sacrificio. Cuánta lástima en algo que debía ser solo educación.