Una causa justa

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

24 may 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Recientemente he visto el documental sobre la vida de Aaron Swartz, un genio de la programación y activista social que se suicidó hace ahora dos años. Swartz se convirtió en uno de los pioneros de la Red cuando, con tan solo catorce años años, colaboró en la creación de la tecnología digital RSS, una herramienta que facilita la difusión de contenidos en Internet, y pocos años después crearía la red social y el agregador Reddit, de gran éxito en Estados Unidos. Aaron Swartz fue además miembro del Centro de Ética de la Universidad de Harvard.

Pero este brillante joven fue popularmente conocido por su oposición al control privado de la información de interés público y así, siendo estudiante en la Universidad de Harvard, en Boston, se conectó a la red de Internet del Massachusetts Institute of Technology (MIT), obteniendo acceso a una de sus bases de datos.

El joven dejó conectado su ordenador para poder copiar más de cuatro millones de trabajos de investigación alojados en la red interna, solo accesibles a través de la librería digital de pago JSTOR, sin otro objetivo que facilitar el libre acceso.

Su acción fue descubierta e inmediatamente fue acusado y arrestado por los cargos de «fraude electrónico y fraude informático», por los que Swartz se enfrentaba a pasar más de treinta años en prisión y a pagar más de un millón de dólares en multas, una pena absolutamente desproporcionada; por cierto, la actuación del MIT en todo el proceso fue duramente criticada.

Aaron Swartz se ahorcó en su apartamento, con veintiséis años, el once de enero del año dos mil trece. Buena parte de la investigación científica que se realiza en el mundo se financia con dinero público.

Los trabajos generados se publican en revistas de difusión internacional, algunas de ellas de acceso libre, muchas de las cuales cobran por publicar; un artículo de diez páginas puede costar entre quinientos y mil dólares.

En síntesis, las Universidades y Centros donde se han realizado las investigaciones deben invertir cuantiosos fondos en el «pago por publicar» o pagar cantidades astronómicas a las editoriales científicas para poder acceder a las publicaciones.

No hace falta comentar los problemas que esta política genera a los países menos desarrollados o a muchos investigadores jóvenes que no disponen de fondos para publicar. Tampoco quiero insistir en que los recortes de los últimos años han agravado el problema al reducir los fondos dedicados a investigación, y las suscripciones de las bibliotecas de muchos centros, dificultando cada vez más la publicación y el acceso a determinadas revistas científicas.

Sin embargo, sí me gustaría trasladarles una reflexión general. Es habitual escuchar a los políticos afirmar que la clave del desarrollo se encuentra en la investigación científica, la transferencia de tecnología y la educación, algo que se ha convertido en un lugar común. Aaron Swartz denunció, con gran lucidez, que existe una profunda contradicción entre esa afirmación y las trabas existentes para el acceso abierto a la información científica. Esa causa le costó la vida y deberíamos reconocer, al menos, que se trataba de una causa justa.