Ya está dicho: el bum de las series lo hubo siempre. Venimos de Bonanza. De Poldark. De Ana de las tejas verdes. Y de TJ al tejado de Los hombres de Harrelson. Venimos de Starsky y Hutch. De Hombre rico, hombre pobre. Y venimos, por supuesto, de Cristal y de Falcon Crest. Ahora todo el mundo dice que está enganchado a la quinta temporada de Juego de tronos y que se sabe de memoria House of Cards, pero series en serie las hubo siempre. Los hay que afirman que no pueden dormir por otra serie política, esta nórdica, Borgen. Aunque conviene no olvidarnos de que la ficción doméstica española cada vez tiene más calidad y es con diferencia la más vista. Aunque quede muy bien hablar de Borgen y de si la versión norteamericana de The Killing supera al original danés, las audiencias (el gran público) lo que ve por las noches cuando llega a casa reventado de trabajar, o cuando intenta descansar de lo que revienta estar en el paro (que es una forma peor de estar reventado), lo que consume en la tele es Águila roja y Vis a vis. La mayoría quiere saber qué pasa con El príncipe y el yihadismo en Ceuta (en realidad, qué pasa con el romance entre Morey, el policía, y la chica mora). En los hogares españoles estuvieron mucho más preocupados por El tiempo entre costuras que por la versión norteamericana de The Bröen. No se enfaden. Unas series no quitan las otras. Los hay también que disfrutan con Juego de tronos y forman parte de los cinco millones de españoles que no se perdieron un capítulo de El príncipe. Lo bueno que tiene la ficción es que nos hace olvidar la realidad.