Asomada al precipicio económico y en un momento crítico que requiere las mayores dosis de grandeza y de compromisos firmes, España asiste sin embargo a un miserable teatrillo en el que todos los partidos anteponen sus intereses cortoplacistas y eluden cualquier responsabilidad o compromiso para no cerrarse puertas. Al menos en este terreno, la incorporación de nuevos partidos al ecosistema político no aporta nada nuevo, porque los recién llegados han aprendido las peores mañas de las viejas fuerzas y actúan con idéntica cortedad de miras. Todos pretenden hacerse pasar por lo que no son para ver si así pescan en caladero ajeno.
Llevamos cuatro días de campaña y seguimos sin escuchar un solo argumento político de peso, un proyecto sólido para la regeneración del país o un programa económico claro para atacar con urgencia el desempleo. Aquí solo se habla de pactos. Todavía no han expuesto una idea, aún no tienen un solo voto, pero ya están pensando en pactar. Y, por lo visto, se puede pactar con cualquiera. La clave es dejar todas las opciones abiertas y no definirse. ¿Qué clase de convicciones transmite a sus votantes el líder del PSOE cuando dice que lo mismo le da pactar con Podemos que con Ciudadanos? No solo es que estos dos partidos estén en las antípodas ideológicas y económicas, sino que el primero propone acabar con una Constitución de la que el segundo hace su principal bandera política. ¿Se puede pactar a la vez con quienes defienden el derecho a la autodeterminación y con quienes consideran sacrosanta la unidad de España?
Pero esa misma falta de coherencia la demuestra Albert Rivera cuando asegura ahora que puede pactar con todos, incluso con Podemos. Si ve posible pactar con un partido cuyos líderes defienden el derecho a decidir, ¿en qué lugar deja Rivera a los catalanes que se han partido literalmente la cara apoyándole en su cruzada contra el nacionalismo excluyente y rechazando el derecho a la autodeterminación? Y, para colmo, solo nos hablan de pactos, pero cuando llega la hora de dar ese paso, como en Andalucía, nadie se mueve para no enseñar la patita de cara a las autonómicas y municipales.
La mala noticia es que este calvario de mediocridad política no se acabará la noche del 24 de mayo, cuando hablen por fin las urnas. A partir de ese momento, asistiremos a una repetición del mismo guión que hemos presenciado en Andalucía, con todos los partidos poniendo excusas para no firmar acuerdos estables de Gobierno, intentando así no quedar marcados y mantener todas las opciones de cara a las generales de finales de año. Un largo escenario de pasteleo político y de inestabilidad que es lo último que necesita España en este momento.
Señores, déjennos en paz ya de una vez con sus pactos sí o pactos no. Expongan de una vez sus ideas en lugar de ocultarlas y traten de convencer a una mayoría de que su programa es el mejor. Y cuando se cuenten los votos, actúen con coherencia y no pensando solo en sus propios intereses.