El ladrillo de Vallejo

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Hay que aprovechar el tiempo. El tiempo que tenemos. Exprimirlo. Como estos días en los que muchos podrán disfrutar de la libertad del tiempo libre. Del ocio, como una virtud máxima. Hay que aprender a mimarse. Nadie lo va a hacer por ti. Mimarse nos aleja de minarse, que no tiene nada que ver. Con la Semana Santa aquí, nada como pensar en que cada minuto vale sus sesenta segundos de oro. Y es que, como contó un escritor, la vida te lanza mensajes. El escritor decía que iba en un taxi y, de pronto, un frenazo lo disparó contra los asientos de delante. El susto fue tremendo. Y el taxista le dijo: pudo ser fatal. Menos mal. En seguida, el autor pensó en esos versos de César Vallejo. Esos que dicen que el obrero sale a la calle. Y cae un ladrillo sobre él. Y el obrero ya no almuerza. Un amigo me cuenta que recibió un mensaje como el del escritor. Iba en el coche y en un rotonda no se dio cuenta de que había un transporte especial. Ya no había vuelta atrás. Escuchó el bocinazo y sintió el pinchazo helado del miedo. El coche pasó por milímetros. De guillotinado a vivo. Tuvo que aparcar el coche en la cuneta para procesar lo que le acababa de pasar y respirar. Notó ese peso del tiempo. No somos eternos. No tiremos las horas como material de obra que sobra. Estamos hechos de horas. Y las que desperdiciamos no vuelven.