Un nuevo mapa político

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

M ariano Rajoy afirmó que los resultados de las elecciones autonómicas andaluzas no son extrapolables a las generales. Probablemente no le falta razón. Pero su declaración, efectuada 48 horas antes de la apertura de las urnas, significaba también que el presidente, activo y combativo durante la campaña, arrojaba la toalla y daba Andalucía por perdida. En esto acertó de lleno: el PP se hundió en los primeros comicios de este año electoral. Pierde un tercio de los escaños y su condición de fuerza más votada en Andalucía. Y me temo que ese dato sí resulta parcialmente extrapolable: aunque todavía faltan meses, todo apunta a que el partido del Gobierno sufrirá un severo castigo y la pérdida de la mayoría absoluta en las elecciones generales.

El PSOE aguanta. Obtiene el peor resultado desde que existe la comunidad autónoma, pero mantiene los 47 escaños de la pasada legislatura. Susana Díaz adelantó las elecciones con el propósito confeso de superar la inestabilidad de la comunidad autónoma y no parece que lo haya logrado. Necesita apoyos para formar un gobierno estable y la caída de Izquierda Unida, su exsocio hasta ahora, solo le deja tres opciones: PP, Podemos o Ciudadanos. La decisión que tome al respecto marcará la ruta del PSOE no solo en Andalucía, sino en toda España. Pedro Sánchez, para no quedar definitivamente fuera de juego, algo tendrá que decir acerca de los posibles pactos en la región andaluza.

Podemos y Ciudadanos, como se esperaba y vaticinaban todas las encuestas, irrumpen con fuerza en el tablero político. Vienen para quedarse, pero también para comprobar que no todo el campo es orégano. Capaces de canalizar una parte de la indignación ciudadana y desahuciados por la crisis, ahora tienen la obligación de demostrar qué hacer con el depósito de confianza obtenido.

El esbozo del nuevo mapa político ha comenzado en Andalucía. No es totalmente extrapolable al resto de España, pero sí dibuja algunas líneas maestras. Del bipartidismo, matizado por Izquierda Unida y los partidos nacionalistas, pasaremos a un escenario de cuatro fuerzas políticas: dos en la derecha del tablero y otras dos en la izquierda. Las mayorías absolutas pasarán a mejor vida y se impondrá la cultura de la negociación y del pacto. El encaje o desencaje de las nuevas formaciones en el actual marco constitucional no será tampoco un tema menor. Y Andalucía será, lo es desde ayer, el primer campo de experimentación de la nueva situación.