Caretos


Decía Vázquez Montalbán que, a partir de cierta edad, cada uno tiene la cara que se merece. Me miro en el espejo y pienso que debe ser verdad, como casi todo lo que decía aquel gran hombre. Sin embargo, cada vez son más los que luchan contra ese axioma. Se rebelan e intentan engañar a su calendario vital con la intención de parecerse a lo que fueron y olvidar lo que son. Dice Meryl Streep, que la fiebre está convirtiendo a la gente de Hollywood en algo grotesco. Seguro que también acierta. Renegar de nuestro rostro es renegar de nuestra vida. Seguro que no lo hicimos todo bien, pero lo hicimos por alguna razón que va dejando huellas y surcos con los que deberíamos apechugar. Resistirse a envejecer es nadar contra la corriente, vivir en una ilusión. Y, en cualquier caso, por mucho que nos arreglen el careto, lo que no se puede cambiar es el pasado. Es mejor tener un rostro que lo refleje, que una cara convertida en careta.

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