Es un libro escrito como una purga del corazón, que diría Cela. Milena Busquets Tusquets (sí, de la familia de arquitectos y editora) ha escrito También esto pasará purgando su corazón como se purga un radiador en invierno para que caliente. Y las páginas arden. Crea un personaje, Blanca, que es (o podría ser) ella misma, y se desnuda con la elegancia que suele ir aparejada a la total falta de pudor. Cuando uno cuenta la verdad, la verdad cuenta. Blanca, o Milena, ha arrasado con esta obra de pocas páginas pero de muchos sentimientos y pasiones en la feria de Fráncfort. Ya se ha vendido su traducción a media Europa. Y en España está funcionando como un tornado de viento de Cadaqués con el boca oreja. Y es que es rara una confesión de este calibre del nueve largo. Blanca, o Milena, habla en letra alta de la reacción a la muerte de su madre, que la deja por debajo del hundimiento. Cómo se refugia en Cadaqués con su familia, sus dos hijos, sus amigas, sus dos ex, como una escuadrilla, en la casa que era de su madre y en la que vivió el inolvidable Cinexín de los veranos de la infancia, la adolescencia y la juventud. Todos ellos irrecuperables. O recuperables solo desde el recuerdo devastado y devastador. Ella amaba a su madre, y estas páginas serán tremendas para todos los que hayan sufrido una pérdida reciente (o que tengan las brasas ardiendo en el recuerdo). Milena no se corta: «Que yo sepa, lo único que no da resaca y que disipa momentáneamente la muerte -también la vida- es el sexo. Su efecto fulminante lo reduce todo a escombros. Pero solo durante unos instantes». Y, con la misma crudeza y rareza, describe y escribe sobre el amor, el desamor, los hombres, las amigas, lo adicta que es la seducción y siempre la madre, su madre. Cadaqués es un lugar único. Un refugio en el que el sol se pone como sobre un altar. Y así son estas páginas, únicas, diferentes. «Solo merece la pena escribir los libros que solo tú podrías haber escrito», le aconsejó una vez mamá Tusquets. Y lo ha hecho. Nadie puede besarse solo.