Las muñecas «reborn»

Sandra Faginas Souto
Sandra Faginas MIRA Y VERÁS

OPINIÓN

03 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde aquí el aplauso a Samantha Villar por la nueva entrega de su programa. Un reporterismo, es cierto, de andar por casa, pero que sin necesidad de alejarse con temas profundos y arriesgados en la forma nos dio las claves de la sociedad trastornada que somos. Su espacio lo dedicó a las muñecas reborn, esos bebés grimosos que parecen reales y que de una manera «natural» están formando parte de la vida de alguna gente. Y de gente adulta. No se trata de juguetes armados en encajes ni puntillas para uso y disfrute de las princesitas o principitos de las casas. No. Los bebés reborn (que rondan los 800 euros) «renacen» para complacer a mujeres hechas y derechas que se atreven no solo a vestirlos de modo impecable, a pasearlos en el carrito como si fueran sus retoños recién nacidos o a subirlos en el colo con los mimos de las palabras cariñosas. No porque hayan perdido un hijo o porque no puedan tenerlo. Solo porque sí. Porque les apasionan o les acompañan. Desde la perplejidad más absoluta y desde el desconocimiento, al menos queda la capacidad de asombro intacta después de verlo. El arrepío de la extrañeza que pese a no ser común se acepta como normal bajo el lema de no hacer daño a nadie. Ana Rosa ya los ha cogido en brazos en su programa. Como dijo la madre de Mafalda «la normalidad es un escondite lleno de gente muy rara».