¿Hacia un país sin niños?

Myriam Garabito Cociña TRIBUNA

OPINIÓN

25 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Dicen las encuestas que a los españoles nos gustaría tener dos hijos o más en cada hogar. Pero dice la realidad que la tasa de fecundidad (número de hijos por mujer) en 2012 era del 1,32 en España y del 1,1 en Galicia. Son muchos los factores que influyen en la decisión personal y privada de tener hijos y cuántos queremos tener: circunstancias personales, influencias culturales, situación económica del hogar, situación social de la familia en cada momento...Más allá de valoraciones personales, pensando en el futuro de un país, influyen el contexto, los sistemas y las medidas que las políticas públicas propician o desarrollan para apoyar esas decisiones privadas: el desempleo, la inestabilidad laboral, la conciliación familiar, las ayudas públicas, los sistemas de protección, las garantías de acceso a servicios y sistemas públicos... Por eso, las políticas públicas son un elemento clave para caminar hacia una sociedad capaz de garantizar su sostenibilidad en el futuro. Asegurar la fortaleza y la eficacia de las políticas públicas de ayudas y servicios a la infancia y a las familias con niños contribuye al bienestar de la infancia y a la plena realización de sus derechos. Y también a facilitar una decisión que, especialmente en estos tiempos de dificultades, se torna cada vez más complicada para las parejas ante un futuro lleno de incertidumbres. ¿Qué tipo de políticas servirían para caminar hacia un país con niños? Investigaciones y expertos confirman que uno de los ámbitos más eficaces para el desarrollo del niño y para incrementar la natalidad es la inversión en la educación de 0 a 3 años. No es la única medida, esas políticas deberían incluir ayudas directas, mejoras de la conciliación entre trabajo y familia (por ejemplo, mayor flexibilidad horaria) y más seguridad en el empleo. Es un hecho que, cada vez más, se retrasa la edad para tener el primer hijo, y, además, las encuestas dicen que no se alcanza el número de hijos (dos o más) que las parejas desearían tener. Las políticas públicas no pueden perder de vista que, de mantenerse los comportamientos demográficos actuales, en 2023 tendremos casi un millón de niños menores de 10 años menos que en la actualidad. Este dato, unido al incremento de la esperanza de vida, está situando a nuestro país ante un escenario en el que la sostenibilidad social y económica se convierte en un asunto al que debemos prestar atención. Es necesario repensar quién y en qué medida asume los costes de la infancia de nuestra sociedad, más allá de sus familias, y si somos capaces de ver ese coste como una inversión, no solo de los hogares, sino de las administraciones públicas y de toda la sociedad. La infancia es una inversión: por derecho de cada niña y cada niño, y para el futuro de nuestra sociedad y nuestro país. No es algo que revelen solo los estudios de los expertos. David, de 10 años, lo sabe: «Pienso que los niños son importantes porque si no hubiera niños tampoco habría adultos y un país no sería nada».