«To be or not to be»: el PSOE en su laberinto

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Los dirigentes de partido (y no pocos militantes) suelen juzgar que quien no los apoya con la fe del carbonero los odia de forma numantina. «O conmigo o contra mí»: esa es la idea, tan neurótica como muchas otras que atenazan la forma de razonar de quienes, por necesidad o vocación, se dedican profesionalmente a la política. Tal neurosis les lleva a despreciar todo análisis sobre su acción que no consista en una loa y a considerar toda crítica señal cierta de venta al adversario.

Si me permiten, sin que sirva de precedente, la inmodestia de ejemplificar conmigo mismo, he insistido hasta el cansancio en que el PSOE que dejó Zapatero hecho unos zorros se equivocaba al oponerse sin matiz alguno al Gobierno del PP, señalando que con ello trabajaba para IU. Aunque he de reconocer que mi acierto no fue pleno (los socialistas no han labrado el campo para IU, sino para Podemos) el objetivo de mi insistencia no era contribuir a desprestigiar al PSOE, como me consta que pensaban, maliciosamente o no, algunos de sus líderes, sino el contrario justamente: poner de relieve una honda preocupación por la marcha hacia el desastre de un partido que considero esencial para nuestra democracia.

Pues bien, los que remábamos en contra de esa deriva ya podemos constatar que el PSOE ha alcanzado el punto de perfecta incompetencia: a día de hoy no tiene casi capacidad de movimiento y no la tendrá tampoco aunque, algo harto improbable, consiguiese ganar las elecciones. Me explico.

El PSOE de Pedro Sánchez vive preso entre el ser y el no ser: está obligado a competir con Podemos armado de un discurso izquierdista que le impide entrar en el espacio del PP. Y ello, después de haber contribuido decisivamente a abrirle un hueco inmenso a Pablo Iglesias con sus críticas demoledoras al Gobierno, que ahora rentabiliza la nueva izquierda populista. Y está obligado a hacerlo por su mala cabeza, por haberse equivocado de estrategia, preso de las inercias zapateristas, desde que Rajoy ganó las elecciones.

La situación -ahora fatal para el PSOE, según indican las encuestas-, no será mejor tras las generales: si ganase, tendría que gobernar con Podemos y las otras izquierdas radicales, lo que significaría su muerte a medio plazo, como ha pasado en Cataluña; si quedase segundo, tras el PP, tendría que elegir entre la gran coalición (buena para España y arriesgada para el PSOE) y la anterior alternativa (mala en todo caso); si quedase segundo, tras Podemos, debería optar entre hacer a Iglesias presidente (el acabose) o dejarlo gobernar en minoría (casi el acabose); si, en fin, quedase tercero, la alternativa sería la anterior, pero los socialistas habrían dilapidado un gran patrimonio histórico, lo que constituiría una tragedia para España y para ellos. Y no porque algunos no viniésemos avisándolo desde hace mucho tiempo.