El rey y su supuesta paternidad

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

15 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Hay dos españoles por cuya paternidad suspiran más personas: Julio Iglesias y el rey Juan Carlos. A Julio Iglesias le han aparecido demandas copiosas de señoras supuestamente seducidas y que también supuestamente tuvieron el fruto de un hijo, pero ninguna prosperó. El artista más universal no vio incrementada su familia por esta razón. O eran falsas las demandas, o hubo arreglo económico: no descarto ninguna posibilidad. Ahora la lluvia puede caer sobre el rey, personalidad tanto o más apetitosa como amante y como padre que nuestro célebre cantante. De hecho, esa lluvia ya empezó con dos demandas de paternidad ante el Tribunal Supremo. Una de ellas no fue aceptada. La otra, de la ciudadana belga Ingrid Sartiau, fue admitida a trámite. Sea verdad o mentira, no es una situación cómoda para el rey, como no es cómodo verse así señalado en los periódicos de hoy. La noticia posiblemente tenga dimensión mundial.

Quizá sea el momento de recordar el chascarrillo que reclama «nunca digas que este cura no es tu padre», válido para estas situaciones. En mi libro El hombre que pudo reinar escribo que «Don Juan Carlos amó mucho, fue muy amado y, a juzgar por la fama, parece que amó bien» (pero) «no resulta fácil distinguir dónde empieza la leyenda y dónde la verdad donjuanesca de Su Majestad». Tampoco es fácil distinguir dónde empieza el afán de dinero o de notoriedad de la persona que reclama. En el caso de la señora Sartiau, creo estar en condiciones de afirmar que hay más leyenda o más imaginación que realidad. Y digo más: aunque han pasado muchos años del supuesto lance, esa dama no está en la memoria del rey.

Ruego a los lectores que no tomen esta crónica como la de un portavoz del rey ni de La Zarzuela, que elegantemente se ha limitado a respetar la actuación y la independencia de la Justicia. No soy portavoz, nunca me ha interesado la intimidad sentimental de nadie, y menos del rey, pero me considero con suficiente información y testimonios fiables para escribir lo que acabo de escribir. Creo, por lo mismo, que los indicios presentados ante el Alto Tribunal son válidos para admitir a trámite una demanda, pero muy poco más.

Dicho lo cual, el Supremo hace bien. Si entiende que hay algún indicio, por mínimo que sea, hace un uso correcto de sus competencias. No se detiene en el rango de la persona denunciada. Nadie le puede acusar de favoritismo. Se dispone a administrar la ley con los ojos vendados, como siempre se representó a la Justicia, lo cual es otra magnífica muestra de salud del estado de derecho. Y el rey Juan Carlos, al respetar la decisión, da otro magnífico ejemplo de respeto al sistema institucional. Incluso fuera del trono sigue siendo un gran rey.