Hablemos de la AP-9 antes de que sea tarde

OPINIÓN

12 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El año 2014 se cerró con la buena noticia de la adjudicación de la ampliación del tramo Santiago Sur-Santiago Norte de la AP-9 en un plazo de 21 meses y con un presupuesto aproximado de 64 millones de euros. Dicha intervención, aunque se realiza en Santiago, es de capital importancia para toda Galicia, ya que ese es el punto viario por el que más y más veces pasamos todos los ciudadanos gallegos. Y por eso convendría hablar sobre algunas cosas muy elementales antes de que sea tarde.

El problema de la AP-9 en Santiago no se deriva del tráfico que transita entre el norte y el sur de Galicia, sino de que el tramo mencionado se ha convertido en un enlace de extraordinarias proporciones, que, además de conectar las autopistas AG-56 (Noia), la AG-53 (Ourense), la AG-59 (A Estrada), la A-54 (Lugo), y las carreteras N-525 (Ourense), N-550 (eje atlántico Coruña-Vigo), N-547 (Lugo), y varias otras de menor rango, funciona como vía de circunvalación de la no muy grande pero sí extensa y muy activa ciudad de Santiago, a la que se asoman los polígonos industriales del Tambre y Costa Vella, el aeropuerto de Lavacolla, la Cidade da Cultura y diversos accesos a la urbe.

Por eso sería un sinsentido que la obra que se va a iniciar solucionase un problema que no tenemos -el del tránsito norte/sur de Galicia-, y dejase sin resolver el problema que tenemos, que es la articulación efectiva de la AP-9 con todas las vías y servicios que interconecta, algunos de los cuales pueden quedar con enlaces escasos en giros (caso de la A-54), o carecer directamente de enlaces (el Gaiás y los polígonos). Y eso equivaldría -Lampedusa dixit- a «cambiar algo para que nada cambie».