Estoy profundamente conmovido. En el centro de París, en el corazón de Europa, el salvaje neofanatismo islámico asesinó sin piedad a doce ciudadanos libres, independientes, habitantes de la república de la tolerancia, que aprendieron a diferenciar la libertad de pensamiento ejerciendo el derecho a la libre expresión, combatiendo el fanatismo y erradicando las mordazas que no tienen cabida en esta vieja Europa, que no ha perdido ni va a perder su memoria de pueblo y territorio.
La mañana de ayer en la redacción de Charlie Hebdo todos nosotros fuimos asesinados. Quisieron ejecutar la patria común de los hombres libres. No lo conseguirán. Aunque urge una respuesta a nivel continental, no caben más silencios y los prescriptores culturales, los hombres del cine y de la literatura, los que apuntalan el débil pensamiento europeo, los artistas plásticos, los políticos con un programa lleno de utopías, los que defienden en manifiestos y proclamas que somos libres, debemos llenar las plazas de palabras que combatan la muerte indiscriminada y el terror.
Todos somos cómplices, elegimos el debate estéril para justificar la recuperación de una mezquita cordobesa patrimonio común de todos los españoles, para ir mareando permanentemente la perdiz con conspiranoias más propias de la novela negra que del sentido común.
Esto no es una guerra, aunque sabemos quién es el enemigo. Nosotros no somos como ellos. Conquistamos las libertades y supimos consolidarlas. Pero estamos indefensos, a su merced, ya sea en el metro de Madrid o en el centro de Londres, en París o en la República Federal Alemana.
Tendimos la mano a quien nos pidió ayuda, acogimos a millones de emigrantes y refugiados, que llamaron a nuestra puerta y que nunca han querido ser como nosotros, sin que exigiéramos que perdieran su identidad.
Ahora ha sido un semanario crítico el objetivo. Nunca más mi admirado Wolinski podrá dibujar los editoriales satíricos en su -nuestro- semanario. Antes del mediodía ha sido asesinado junto con Casu, otro genial dibujante, y el director de la publicación, que había declarado hace un par de años que, como Dolores Ibarruri había dicho setenta años atrás, prefería morir de pie a vivir de rodillas.
Occidente es vulnerable porque es generoso, pero ni un paso atrás y cero tolerancia frente a la barbarie y el terror.
Espero que las mejores caricaturas de Mahoma, las viñetas que protagoniza el califa del Estado Islámico, sean reproducidas en las primeras páginas de los diarios de toda Europa, que con su imagen abran los informativos de las televisiones, que se hagan eco las radios y multipliquen el mensaje las redes sociales.
Solo con libertad, desde las libertades y con el compromiso solidario, podremos vencer al terror y a sus heraldos. Mi dolor y mi pésame.