L o dice el INE, que es serio, como un señor de cara alargada. Se van. Ahora que todos lloramos bajito con lo del mítico anuncio de vuelve, vuelve a casa por Navidad, lo cierto es que se van. Se van más que nunca. Según el INE, el señor de cara alargada, la emigración de españoles ha crecido un quince por ciento en los primeros seis meses del 2014. Un total de 27.026 nacidos en este país se han marchado en medio año. España vuelve a ser un país de emigrantes. Como lo vuelve a ser Italia. Otra vez la maleta llena y el corazón destrozado. Como nuestros abuelos. Y nuestros bisabuelos. Es lo que hay, que aquí no hay trabajo. Y se van muchas veces a lugares donde las condiciones son lamentables, pero por lo menos pueden trabajar. Y se van los mejor preparados de muchas generaciones. Inglaterra y Francia son los destinos preferidos. Después, Ecuador y Alemania. Podemos disfrazarlo como queramos. Con un toque de diseño. De Skype. De qué modernos son mis hijos que saben idiomas. Pero se van, porque en su tierra no pueden conseguir trabajo. Así de claro. No pueden devolver todo lo que han aprendido. No pueden formar aquí una familia donde la forjaron sus padres. No pueden. Y tienen que pillar un vuelo, barato, barato; o caro, caro, y marcharse a intentarlo en un lugar donde los ríos están helados y por sus venas no corre su sangre, la sangre que les vio crecer.