Es lógico que estemos preocupados por proteger el horario infantil, es lógico porque crecer marcados por Caponata hace que la perspectiva se nos vaya de los ojos. Hay que protegerlos mucho, mucho, mucho. No solo por la tarde, que luego, por ejemplo, ven el fútbol y a un señor que muerde y luego van ellos y muerden. (Por no hablar de cosas más violentas). Hay que protegerlos de la noche (que la gente se desnuda y hace cosas feas como tomar el sol en bolas y salir en televisión), y hay que protegerlos de esa gente que por las tardes dice palabrotas no vaya a ser que ellos las repitan en el patio por oírselas a los que salen en la tele hablando de las vidas de los otros. Que las palabrotas no se pueden decir. Y hablar de los otros está mal. Así que a proteger mucho a los niños de la realidad que es terrible, por favor. Pero protegidos ellos, vengo a reivindicar que protejan mucho a los mayores. Pero a los mayores, mayores. Que a veces dan mucha vergüenza y se pueden contagiar de la alegría infantil. Infantilizados todos, así en una tarde de domingo en horario de ver Bob Esponja puede pasar que de repente un señor con un bigote enorme se vista de mariachi y dé mucho el cante plantándole un beso a una señora que canta y presenta y que la gente aplauda muchísimo. Él se llama Edmundo y ella María Teresa. Que la tele nos proteja... de tanto amor.