Atorrantes


Cantaba Serrat en la radio Las malas compañías: «Mis amigos son unos atorrantes. / Se exhiben sin pudor, beben a morro, / se pasan las consignas por el forro / y se mofan de cuestiones importantes». Nos recordó de inmediato viejas admoniciones y llamadas de atención escuchadas en la infancia: «Neno, non sexas atorrante», «Estás feito un atorrante». Eran incrustaciones de español rioplatense en un gallego contaminado por la emigración.

Los diccionaristas limitan el uso de atorrante a Argentina y Uruguay con los significados de 'vago' y 'desfachatado, desvergonzado'. En Costa Rica, la República Dominicana y Uruguay también da nombre al vagabundo sin domicilio fijo. En distintos países de ultramar aún se emplea con los sentidos de 'persona poco seria, que habla necedades', 'de clase social baja', 'muy terco', 'alcohólico', 'ridículo', 'que no es de raza' [aplicado a un perro] y 'promiscua' [dicho de una mujer]. En fin, es aplicable a toda la rama descarriada de la familia. Pero, contradiciendo a los diccionarios, atorrante también se usa en el español peninsular, al menos en el del noroeste. De ello dan testimonio algunos escritores, lo que también puede explicarse por su contacto con Sudamérica y por las situaciones que describen en sus obras. Es este el caso del Tirano Banderas, donde Valle-Inclán lo pone en boca de una comadre «con el crío sobre el anca, la greña tendida por el hombro, sumisa y descalza»: «Se ha mudado ese atorrante, y no más dejó que unos guaraches para que los herede el chamaco».

Atorrante es el antiguo participio activo de atorrar, que en el español rioplatense significa 'haraganear' y 'dormir'. Es muy próximo su parentesco con el canario atorrarse 'quedarse quieto'. Corominas percibe en él ecos del turrado 'atontado' de Berceo, vinculado al verbo aturrar, que ya aparece, con el significado de 'aturdir', en el Auto o farsa del Nascimiento de Nuestro Señor (1514), de Lucas Fernández: «Anda, vete, mamaburras, dende ya, que nos aturras». En el origen de ambos parece estar el torrere 'tostar' latino, que evolucionó primero a turrar y, en español, catalán, portugués y gallego, también a torrar, con el mismo significado de 'tostar'. También evolucionaron los significados: el turrar 'tostar' era asimismo, según Corominas, 'agostar' [la helada], y de ahí pasó a 'entumecer, dejar aterido' (en El Salvador) y luego, como atorrarse o atorrar, a 'estar quieto, inactivo'.

No desterremos a los atorrantes por su etiqueta de foráneos aunque dispongamos de abundantes recursos para designar a los gandules, golfos, gallofos y galloferos, bigardos que bordonean, guillotes erradizos, mamalones noctívagos, zánganos tunantes, guitones y haraganes, picaños harones, turrezneros, tumbones, rácanos y vagos. Y eso que no entramos en la cosa pública.

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