Una ventana al cotilleo nacional

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Ya tenemos en activo el Portal de la Transparencia. La verdad es que es muy sugestivo. En el medio millón de datos que se han colgado en él hay material para entretenerse unos meses. Ahí tienen ustedes todas las estadísticas de lo que ha hecho la Administración General del Estado. Si les apetece, pueden hurgar en las concesiones de obras para saber lo que siempre se ha ocultado: qué empresas son las más favorecidas con obra pública; qué organizaciones han recibido subvenciones y el distinto trato según sean del partido gobernante o de la oposición; cuánto cuesta el servicio exterior, o cuántos policías cuidan su seguridad. Se ha trabajado mucho en ese portal, hay que reconocerlo. Para ser el primer desnudo integral del cuerpo de la Administración Central, está bastante bien. Incluso muy bien.

Algún día nos acostumbraremos a su existencia y nos familiarizaremos con su contenido y dejará de ser novedad. Pero hoy suena todo a nuevo. El primer impacto del portal es que se presenta como una ventana para el cotilleo nacional por una morbosa razón: los sueldos de los grandes de la política. No es que se desconocieran, porque casi todos están publicados; pero aquí está la relación completa. Y el protagonista es don Mariano Rajoy Brey. Dan ganas de abrir una suscripción popular para echarle una mano. Multitud de cargos ganan más que él. Entre ellos, su jefe de gabinete, el señor Moragas, que bien merecido lo tiene, aunque solo sea por la compañía que hace al presidente, que no hay viaje donde no aparezca como si fuese su escudero.

Más morbo todavía: prácticamente todos los presidentes de empresas públicas ganan más que el jefe del Gobierno y los capos de ADIF, Renfe y la SEPI lo duplican. Como dos de esos presidentes dependen de Ana Pastor, hay que convenir dos cosas: o la ministra de Fomento es muy generosa, o para contratar a un gestor que sepa algo de números hay que buscarlo en el mercado y pagarlo a precio de mercado. Por comparación, los proletarios (es un decir) son los políticos puros, ministros incluidos, que tienen suficiente con hacer méritos en el partido y no tienen por qué demostrar ninguna capacidad de gestionar. Si nos dejásemos guiar por el nivel salarial, habría que dar la razón a Zapatero cuando pensó que miles de españoles podrían ser presidentes del Gobierno.

Lo que más me intriga después de todo es que no haya listas de visitantes a los ministerios. Parecen un secreto de Estado. Nos quedamos sin saber qué tipo de paisanaje frecuenta despachos oficiales. Nunca podremos conocer quién lleva unos kilos de percebes a un director general. Debe de ser que este transparente Gobierno entiende las visitas como asuntos particulares. Y a lo mejor lo son.