No tuvimos indicio ni noticia, dijeron los responsables del deporte reunidos con los del Interior. Nada hacía pensar en la batalla campal del desayuno atlético junto a un gélido Manzanares. Mientras se reunían para intentar comprender cómo pudo pasar, aparecían pintadas en Sevilla. ¿En Sevilla? Sí, no me equivoqué. En Sevilla. El lunes por la mañana. Les transcribo la noticia como la recibimos: «Esta mañana y lejos de rebajarse el nivel de tensión, la sede de la peña atlética de Sevilla ha amanecido con cristales rotos y pintadas en sus muros a favor del ultra deportivista fallecido. La policía ha detenido a tres personas vinculadas con los hechos vandálicos en la taberna El Tragaluz de la capital hispalense». Otra venganza. Resulta que los radicales del Sevilla están hermanados con los del Dépor. ¿Habrá más? Dicen los que saben que en Inglaterra y en Italia fueron muy contundentes con los hooligans, hasta que ir a un partido casi se convirtió en un asunto de padres que van con sus hijos a una fiesta. Pues habrá que aprender, si eso es así. Lo que no es de recibo es que los que tienen que poner los medios y los remedios nos digan poco menos que se enteraron por la prensa. Las medidas contra la violencia las tienen que tomar todos. Y las tienen que aplicar todos. O lo único que pasará es que toda la indignación de hoy y el impulso se diluirán, hasta que haya otra víctima. Los colores del fútbol no tienen nada que ver con los de la sangre. ¿Pero dónde está ya el fútbol auténtico? El que es un juego, el que es solo un deporte.