El bólido del ébola


Háganse la pregunta. ¿Cómo se llama la persona que tuvo ébola en Europa y salió adelante? Teresa Romero. Lo saben hasta los niños de Primaria. Sigamos. ¿Saben el nombre de algunos de los siete mil muertos (pueden ser fácilmente el doble) de África? Ni el primero. Yo tampoco. Esa es la realidad que denuncia Joan Tubau, director general de Médicos sin Fronteras. El bólido del ébola, con las cifras conocidas, ha contagiado a 3.500 personas en Guinea Conakry, Liberia y Sierra Leona. Y acabado con esas siete mil vidas. Los expertos multiplican ambos números por dos. El ébola no es nuevo. Lo que hay es desinterés, porque la epidemia tocó en África. Tubau explica que sabemos cómo afrontarlo: identificación, aislamiento, cuidado terapéutico con el refuerzo del sistema inmunológico y, con medios, posible curación. Pero es otra vez la maldición de África, el continente olvidado, lo que convierte al ébola en ese bólido infernal. Ya tiene un primo hermano en Uganda, el marburg, del que todavía no han oído hablar. Y no oirán hasta que salte a Europa o a Estados Unidos. Pero los enfermos de Liberia, por ejemplo, tienen un sistema sanitario tan reducido que casi mete miedo ponerlo por escrito. En Liberia, con una población de 4,5 millones de habitantes, había 50 médicos para todo el país, antes del brote. Sí, cincuenta médicos/héroes. Cuanto más retraso haya en la respuesta, más lamentable será esta crónica de luto anunciado.

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