A comienzos de este año celebrábamos el bicentenario del nacimiento de Rosendo Salvado y recogíamos en una breve crónica el sentido de sus actividades en Australia Occidental entre los años 1850 y 1900. En el programa de televisión estrella de esta casa, en una entrevista titulada: Un gallego entre aborígenes, destacábamos la lucidez y el tesón de Rosendo Salvado en su búsqueda de una salida digna para los aborígenes australianos que estaban siendo arrollados por los colonos ingleses de la época.
Se estaba produciendo por entonces un contacto de dimensiones casi extraterrestres entre la cultura occidental, con su economía industrial y de mercado, y la cultura de pueblos denominados sin historia (escrita), que llevaban decenas de miles de años en aquellas tierras viviendo como pueblos cazadores y recolectores. En un epílogo a aquella breve crónica titulado País de los sin alma, pueblo sin historia, que se puede leer en Internet, resumo los principales asuntos que están en juego en un choque cultural de estas dimensiones.
Afortunadamente en los últimos cien años no hemos empeorado en todos los aspectos de la vida social. Existen algunos ejemplos donde se ve cómo el rastro de la labor de Rosendo Salvado ha germinado con buena fortuna. Es el caso de los actuales pueblos sin historia del Brasil que, por ejemplo en la Amazonia, estarían en serio peligro a causa del avance de intereses económicos (forestales, mineros, de cultivos) que tomando posesión de su territorio destruirían su sociedad y su cultura.
En la actualidad la agencia gubernamental FUNAI (Fundación Nacional do Indio) se ocupa de salvaguardar del contacto con la civilización occidental aquellos pueblos indígenas que se mantuvieron aislados hasta hoy. Esta política asume que la conservación de su cultura es un bien universal de valor incalculable y que dicha conservación sería imposible de producirse el contacto con nuestra civilización. Creo que Rosendo Salvado habría llegado a respaldar un respeto semejante en los tiempos que le tocó vivir; aunque para hacerlo tuviese que renunciar a su tarea misionera por cuenta de la Iglesia católica.
Con frecuencia, tanto en la Australia de Rosendo como en la América actual, no es sencillo garantizar la salvaguarda de esas culturas evitándoles el contacto con nuestra ambición económica y arrogancia cultural. Sobre todo cuando viven en territorios con valiosos recursos. Es por ello bueno saber que existen organizaciones que ahora mismo movilizan a ciudadanos de todo el mundo que comparten esa salvaguarda. Como Survival International, en el caso del pueblo awás del Brasil, justo en el mismo mes y año en el que celebramos el bicentenario de Rosendo Salvado.