Ya lo decíamos


Los antipatriotas, desleales y demagogos llevamos tiempo avisando de que la situación se estaba haciendo insostenible y de que le estaban colocando la alfombra roja a Podemos. Y dijimos que si llegábamos al extremo al que hemos llegado, la salida iba a estar repleta de dificultades. Y que incluso podía ser traumática.

Pues ya estamos donde no queríamos estar. Con un presidente del Gobierno viéndose obligado a pedir perdón; con miembros de su partido cuestionando su liderazgo; con barones obligándole a tomar decisiones que no quería tomar; con una alarma social excepcional; con altos responsables e ídolos mediáticos en prisión; con una evidente indignación en la calle y con Pablo Iglesias preparándose para hacer la mudanza. Llegamos al puerto de la desesperanza y de la frustración. Y en él estamos anclados, a la espera de que alguien con decencia y rigor esté dispuesto a ponerse al timón del barco. Hay que ser muy torpes para no haber previsto lo que estaba y está ocurriendo. Hay que serlo para no saber que todo este desaguisado es producto del «Paco, siempre me tendrás a tu lado», del «resiste, Luis, resiste»; del «somos víctimas de una persecución», de las «indemnizaciones en diferido» y del «somos los más honestos».

Hay que ser muy insensatos y más cretinos para pensar que a todo un país se le puede desvalijar, humillar y ofender sin que reaccione. Y ahora, cuando parece que el CIS va a decir en voz alta lo que piensa una mayoría, no faltarán quienes se escandalicen. Los mismos que hasta ayer mismo se morían de risa mientras los más desagradecidos alertábamos de su incapacidad, soberbia y desidia. Ya lo decíamos.

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Ya lo decíamos