Cien días: ¿caerá del caballo?


Al ganador de unas primarias a la cúspide de un partido político de Gobierno, ratificado en un congreso extraordinario, se le puede perdonar que no tenga sentido de Estado desde el primer día, pero sí se le pide que acredite responsabilidad, cumplimiento de la palabra dada y nada de charlatanería. En sus primeros cien días desde que alcanzó el entorchado Pedro Sánchez está cubriendo el empedrado de «experimento populista y política de márketing y titulares», como ha dicho Zapatero (Virgilio, no José Luis Rodríguez).

En su hoja de servicio figuran ya dos frases para la historia: suprimir el Ministerio de Defensa y organizar funerales de Estado a cada mujer asesinada por violencia de género. Y tres felonías: la orden por WhatsApp a los catorce eurodiputados del PSOE de que rompiesen el compromiso adquirido por los grupos europeos popular y socialista y no votasen al popular luxemburgués Jean-Claude Juncker para la presidencia de la Comisión Europea, a pesar de que con esa palabra dada se había elegido al socialista alemán Martin Schulz presidente del Parlamento Europeo (PE) y a la socialista española Elena Valenciano presidenta de la Comisión de Derechos Humanos. La segunda, sustituir a Valenciano por Iratxe García en la presidencia del grupo socialista español en el PE, faltando así al respeto de los votantes. Y la tercera, votar contra el español Miguel Arias Cañete como comisario de Energía y Medio Ambiente, uniendo su voto a la extrema izquierda y a la extrema derecha europeas, y haciéndolo en contra del voto afirmativo del propio Grupo Parlamentario Socialista Europeo. Fue en la reunión con este grupo en Estrasburgo, a la que asistieron también su portavoz, el italiano Gianni Pitella, y el presidente del PE, el alemán y socialista Schulz, donde antes de escuchar los argumentos que le pensaban dar para votar a favor de Arias Cañete, pronunció una frase que aún retumba en la sala: «Digan lo que digan vamos a votar que no» (a Arias Cañete).

Es verdad que Sánchez tiene una difícil papeleta para no menguar entre el PP y Podemos, pero aunque tiene poco tiempo para recuperar el terreno perdido, debería dejar la sobreexposición mediática y mirar más al Partido Demócrata norteamericano que a la extrema izquierda española y a los antisistema. Ofrecer unas bases filosóficas y políticas sobre las que articular un nuevo proyecto transformador es más importante para el PSOE y para España que una gavilla de asuntos que solo son progresistas a la vieja usanza.

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Cien días: ¿caerá del caballo?