¿Quién manda en el planeta?

Fernando González Laxe
Fernando González Laxe FIRMA INVITADA

OPINIÓN

Cuando los alumnos preguntan como funciona el mundo y quien manda en el planeta, las respuestas son evasivas, cuando no retóricas o demagógicas. No es fácil contestar de manera precisa a esta interrogación. Surgen, en las respuestas, múltiples actores, entes, supuestos, dimensiones, círculos; en suma, una gran complejidad para dar con la solución acertada. Pero la pregunta sigue teniendo validez y, por lo tanto, nos debemos enfrentar a la misma. Vayamos por partes.

En primer término, es posible afirmar, porque es lo más aseado intelectualmente posible, que quien manda son los mercados o esos agentes, reconocibles pero desconocidos, que ejercen sus influencias y poderes, normalmente semiocultos, con el objetivo de acumular no solo riqueza sino influencia. Se trata, en definitiva, de poder alterar, modificar, sustituir o alentar determinados cambios y transformaciones tanto en el campo de la producción como en el del consumo, influenciando asimismo en las dimensiones de la ciencia, del transporte, de la salud, de la educación, del pensamiento, así como de las propias normativas y mecanismos de participación. En suma, de ejercer un control mediante reglas y formas de poder que impidan ser relegados o eliminados.

De otra parte, también es fácil aducir que los que mandan son aquellos que conocemos de manera más directa. Son, por tanto, visibles, y que nos amedrentan con sus acciones o amenazas directas e inducidas. Son también más reconocibles en sus proyecciones y normalmente advierten de catástrofes y situaciones de caos, para lograr permanecer más tiempo al frente del control de mando.

Ahora que la vida es más compleja y que debemos abrir las puertas de la percepción, como diría Aldous Huxley, aducimos que el progreso va tan rápido que es muy difícil contextualizar los avances. Y al mismo tiempo, llegar a saber quien manda y quien dirige las innovaciones y las dinámicas de cambio. Marvin Minsky, uno de los principales científicos del mundo actual, nos advierte tres cuestiones de gran valor. La primera es que estamos en una situación de cambio inestable. Lo podemos observar en el consenso teórico que existe de cara a los efectos de un cambio climático o como las enfermedades mutan de forma muy rápida; pero, sin embargo, no se conocen todavía las probabilidades de sus consecuencias. Es como si las cosas estuvieran fuera de control, con una gran incertidumbre en los resultados finales y en los procesos intermedios. La segunda es que todavía preconizamos una sociedad del despilfarro, en la medida que seguimos destrozando recursos, productos, servicios? y ciudadanos, sin el mayor problema de conciencia. La mala gestión de los recursos no renovables; el uso de productos contaminantes y que contribuyen a deteriorar el ecosistema global; las inversiones públicas y privadas que atentan contra la salud, los niveles educativos, la calidad de vida o las tasas de empleo; o las tasas de pobreza y las mayores desigualdades existentes en determinadas áreas del planeta, así lo constatan. Y, en tercer lugar, da la impresión de que nadie está al mando de esta sociedad, por lo que no se puede culpar a nadie en concreto; y, en todo caso, todo el mundo es responsable. Reparemos que llevamos seis o siete años en una crisis, que empieza por un problema financiero en Estados Unidos y desata, rápida y globalmente, un conjunto de efectos en todas las dimensiones, ámbitos y áreas geográficas.

Mi disertación trataba de provocar una inquietud y tensión en los alumnos, de atraer su atención ante un problema global con efectos en lo local, en las propias relaciones de proximidad. Si no hay un superpoder con el que enfadarse, ante el que poder demandar, hacerse escuchar para emitir nuestra queja, nuestra reivindicación, ¿qué hacer?

Las instancias supranacionales; Naciones Unidas; los denominados Grupos de los 3, 6, 8, 10, 20; la Unión Europea, se están quedando atrás en afrontar los temas actuales. Y sus recientes decisiones están preñadas de errores, cuando no de intenciones no ajustadas al sentido común o hacia estrategias más consensuadas y correctas. Los mecanismos de participación y de exigencia de responsabilidades se diluyen cada vez más, Aquellos ciudadanos que protestan reclamando más democracia, son detenidos o no atendidos, como el reciente caso de Hong Kong. Y los científicos que siguen avanzando en sus investigaciones, ven recortados sus presupuestos. Estoy convencido, y así finalicé mi intervención, de que la gente tiene muy buenas ideas y en determinados supuestos no sé porqué no queremos llegar hasta el final; porque lo peor es parar y pasar a otra cosa.