Francisco Nicolás, de fantasma a gran impostor


Ribadeo vivió una jornada agitada el 13 de agosto. Por la villa corrió el rumor de que alguien de la Casa Real iba a comer en el puerto. Las fuerzas vivas acudieron, presurosas y alarmadas. Pero no toparon con ninguna autoridad, solo con un muchacho madrileño, imberbe y fachendoso, con vínculos con el PP, que se proclamó enlace entre la monarquía y el Gobierno.

Asustado por la repercusión en las redes sociales de la certera crónica del alboroto publicada por La Voz, el joven se puso nervioso. Intentó hacerse pasar por menor de edad y montó un sainete pretextando que actuaba al servicio de la presidencia del Gobierno y que lo de Ribadeo era un asunto de seguridad nacional.

Estaba cantado que iba a volver a ser noticia. Dos meses después de aquel extraño suceso, trascendió que había sido detenido y que se le imputaban varios delitos de estafa, falsedad y usurpación de identidad. Y no faltaban motivos: había intentado sacar dinero a varios empresarios del IBEX, trató de chulear a los Pujol, probó fortuna en el palco del Bernabéu e incluso se coló en la primera recepción de Felipe VI. Un pícaro que ignoró aquella vieja máxima de que «se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo». Que se lo digan a Rato y a Blesa.

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Francisco Nicolás, de fantasma a gran impostor