Otro capítulo del enredo. ¿Una consulta alternativa de juguete en locales de la Generalitat? ¿Plebiscitarias en el horizonte? Artur Mas es menos. Albert Rivera ya le da el finiquito: «Mas es Historia». Y ERC quiere la independencia ya. ¿Cómo pasará Mas a esa Historia? Este economista, que nació en el 56 como Arturo y que en el 2000 pasó a llamarse Artur, lleva en política desde los 26 años. Tanto tiempo para terminar jugando una partida sin cartas. Sánchez Piñol convirtió su novela Victus sobre el asedio de Barcelona en una máquina tragaperras, un superventas que, en teoría, ha leído hasta Rajoy. Ahí se pone en el sitio a los reyes que lucharon por Cataluña. ¿El rey de pega Artur será algún día resumido como ese rey Carlos III, de la Casa Austria, que cuando pudo le dio la espalda a Barcelona y se marchó a ser coronado emperador? ¿O se parecerá más a su rival en aquella partida, el Felipe V, de la Casa Borbón, que bombardeó Barcelona? ¿Ese Felipe V que terminó, según Piñol en el libro, sumido en el desvarío dejándose uñas de treinta centímetros, vistiendo andrajos y durmiendo en féretros abiertos? ¿Hacía política Mas desde un féretro abierto? Mantenerse a flote, a veces, es sinónimo de ahogarse cuando uno arriesga. Luis XIV, el Rey Sol y abuelo de Felipe V, celebró la conquista de Barcelona con un Te Deum. Pero, ojo, aquí lo único que parece terminado es Mas. Por las heridas abiertas se sangra.