Estado de máxima inquietud

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

14 oct 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Circulan por ahí encuestas que, al parecer, nadie se atreve a publicar. Hay una en concreto que otorga una inquietante intención directa de voto y sitúa empatados a los partidos Socialista, Popular y, asómbrense, a Podemos. Después, trabajados los datos tradicionales de proyección de la intención de voto, más recuerdo, más simpatía, más creencia de quién será la fuerza política ganadora, cambia mucho: el PP sigue ganando y el PSOE sigue siendo segundo, pero con una fuerte caída de ambos, que obligaría necesariamente a una gran coalición si se quiere garantizar un Gobierno medianamente estable. La situación política parece muy complicada. No se puede descartar un cambio profundo, que quizá empiece a despuntar ya en las elecciones locales.

Lo más grave es ese indicio de caída de los dos grandes partidos, algo que se empieza a percibir en las conversaciones particulares, sin necesidad de acudir a los grandes estudios demoscópicos. Se percibe cansancio, hastío y desconfianza. Ante el PP, porque no consigue transformar la estadística de recuperación económica en beneficios tangibles para la sociedad y se corre el riesgo de que el discurso optimista del Gobierno -que todos los días, ayer mismo, anuncia el final del paro- pierda su eficacia psicológica para animar el consumo y las inversiones. Ante el Partido Socialista, porque Pedro Sánchez es incapaz de apartar de sus siglas la responsabilidad de la ruina del país que el Gobierno se encarga de recordarle también todos los días.

Y encima, entre los dos se despedazan. Movidos por un feroz partidismo, son tan egoístas que no perciben que ninguno de ellos es enemigo de la estabilidad, que es lo más necesario en momentos de crisis política. Los enemigos de la estabilidad son algunas fuerzas emergentes y algunos nacionalismos cuyo objetivo no es cambiar el Gobierno, sino cambiar el sistema. Grave confusión equivocarse de adversario. Pero sería muchísimo más grave alentar a Podemos con la poco noble intención de dividir a la izquierda clásica para ganar más fácilmente las elecciones. Dicen que eso es lo que está haciendo el PP con tanto aire a Pablo Iglesias y a sus muchachos. A mí me resulta difícil creerlo: pienso que Podemos no necesita ese tipo de apoyos. Le basta con saber aprovechar el malestar ciudadano. Los votos le vienen regalados.

Este es el cuadro de situación, ante el que solo se puede pedir que los indicios sean temporales, fruto de la coincidencia en el tiempo de episodios deprimentes como la aventura catalana o la crisis del ébola. Como la tendencia se mantenga hasta el final de la legislatura, preparémonos. La Italia que recordamos del desgobierno puede quedarse pequeña al lado del desgobierno español.