Grande isla mínima

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

A la espera de Magical girl, triunfadora en San Sebastián, llega La isla mínima, una película que demuestra que el cine español puede ser potente, casi colosal. Este filme de Alberto Rodríguez (el de Grupo 7) resiste (y gana) la comparación con cualquier thriller norteamericano. Ya está bien de ser un país de papanatas. Cuando hay calidad, no tenemos nada que envidiarle a nadie. La historia ambientada en las marismas del Guadalquivir en la primera transición española se deja ver con una mezcla rabiosa de fascinación y malestar. Te revuelve en la silla esa investigación de la desaparición de dos hermanas adolescentes. El gallego Javier Gutiérrez (ya está bien de Galicia tierra solo de poetas, tierra genial y mágica de actores y actrices) está fabuloso en su papel de policía marcado por el franquismo (por algo se llevó el premio en San Sebastián). Raúl Arévalo y Antonio de la Torre le dan buena réplica. Y nuestra Nerea Barros en apunte de madre coraje. La cámara cenital hace que la búsqueda resulte aún más fantasmal. La contención es otra clave de la narración en estado de gracia y desgracia. Palabras y planos, los justos, para ser necesarios. La isla mínima tiene algo que parece sacado de una novela de Juan Carlos Onetti, es tal el vuelo que coge y sobrecoge. Un vértigo fatal que sabe a cine del que deja poso y veneno.