Es el ejemplo, no la palabra

Tino Novoa EN LA FRONTERA

OPINIÓN

12 oct 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

El primer paso para resolver un problema es reconocerlo. Los partidos han tardado en asumirlo, y han tenido que verse abocados al abismo de la desaparición para reaccionar, y lo están haciendo en una loca carrera de códigos éticos. Puede ocurrir que las respuestas sean desmedidas en un intento de despejar cualquier sombra de sospecha sobre el alcance de la purga. Es discutible el rigorismo de algunas medidas, pero más vale esta nueva severidad que la laxitud pasada. No obstante, conviene no perder de vista que la clave no está en las normas, sino en la cultura, en una idea socialmente compartida de cuál debe ser el comportamiento público correcto y el castigo a quien lo vulnere. Cierto que unas normas relajadas desembocan en una moral disoluta, y las leyes son soslayables cuando hay permisividad social. Pujol, Villa o los consejeros de Bankia eran conscientes de lo que hacían, pero eso no les arredró. E incluso se permitían la hipocresía de dar lecciones. ¿Cómo se puede hacer una colecta para pagar la multa de una delincuente, léase Pantoja? Debemos asumir que lo público es sagrado y que nada justifica obviar las normas. O interiorizamos este principio o de nada servirán los códigos, por estrictos que sean. Porque lo importante es el ejemplo, no la palabra.