Vamos en el mismo barco


S upongo que habrá quien piense que la culpa de todo esto la tiene el Gobierno por haber repatriado a esos dos curas de San Juan de Dios, porque así ha metido el demonio en casa (y nunca mejor dicho). Que si los pobrecillos estaban infectados, tenían que haberse muerto allí y santas pascuas. Y no ponernos en peligro a todos los españoles, lo cual ha sido una gravísima irresponsabilidad. A los curas nadie les había obligado ir a meterse en la boca del lobo, era una opción particular que en nada debiera afectarnos al resto de los españoles.

Quien piense así, además de ser un mezquino, es un ignorante. Porque en un mundo globalizado como el nuestro no hay frontera alguna que impida la difusión de un virus. El problema no está ahí, ni mucho menos. El problema es que mientras el ébola afectó solo a los africanos (que son unos míseros que se mueren de hambre y que no tienen lo más elemental en materia educativa, sanitaria y social por culpa suya, no por un proceso descolonizador mal diseñado y peor gestionado y por una rapiña voraz de las grandes multinacionales, apoyadas por los gobiernos occidentales, que azuzan hasta límites insospechados las viejas rencillas tribales y les venden las armas con las que África se desangra), el asunto no nos preocupó lo más mínimo y nadie se puso a investigar en serio para obtener una cura y/o una vacuna. Lo mismo que pasó con el sida, también con origen en África: mientras no mató a norteamericanos y europeos no preocupó a la industria farmacéutica, no solo por racismo -que también-, sino básicamente porque los medicamentos son un negocio y los africanos no pueden pagar por ellos.

No aprendemos. Mientras no comprendamos que los reinos de taifas no llevan a ningún buen final; que el planeta hay que gestionarlo desde una óptica global y bajo parámetros de solidaridad (todos somos uno y vamos en el mismo barco); y que, por tanto, la solución al ébola y a otras pandemias pasa por acabar con el subdesarrollo de dos tercios de la humanidad, esto no tendrá arreglo. Hoy el problema es el ébola, como ayer fue el sida y mañana Dios sabe qué. Por eso me permito apelar a su sentido común: colaboren con Médicos sin Fronteras, con las Misiones Salesianas o con cualquier otra organización que esté sobre el terreno. Es nuestro único seguro de vida.

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Vamos en el mismo barco