Una ruta para cuidar el corazón

Alfonso Castro Beiras FIRMA INVITADA

OPINIÓN

29 sep 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada año, el día 29 de septiembre es el Día Mundial del Corazón: se dedica a sensibilizar a los ciudadanos y a responsables sociales acerca de las enfermedades cardiovasculares. Escribo estas líneas con el fin de contribuir a esta iniciativa y trasladarle al lector algunas reflexiones y orientaciones de que todos los días podemos contribuir a mejorar la salud cardiovascular. En la época actual y en nuestro país son las enfermedades cardiovasculares, el infarto de miocardio y el ictus cerebral, la primera causa de pérdida de años de vida o calidad de la misma; representan más del 50% del número de fallecimientos en Galicia.

Para combatir y mejorar esta situación hay dos estrategias: una, mejorar la atención a los pacientes que padecen la enfermedad y en esto se ha avanzado en la últimas décadas merced a la identificación y tratamiento de la fase aguda de la enfermedad, especialmente del infarto agudo de miocardio y sus secuelas; la otra, es la de evitar que las personas contraigan la enfermedad. En el pasado reciente, últimos 15 años, se ha incrementado la esperanza de vida en unos 6 años; el 50% de este avance corresponde al mejor control de la enfermedades cardiovasculares. A su vez, la mitad de esta mejora en estas enfermedades se debe al mejor tratamiento de la fase aguda de la enfermedad, especialmente del infarto, y el otro 50%, al mejor control de los factores de riesgo, tabaco, hipertensión, colesterol y diabetes. Pero tenemos una amenaza que no teníamos hace años y es el incremento de la obesidad y sobrepeso y su acompañante y mayor determinante, el hábito sedentario. Estos tienen ya y van a tener un contribución importante en estos padecimientos debido a que la población, y especialmente los mas jóvenes, está muy expuesta a estos dos factores. Y, ¿por qué se produce este ascenso de número de personas con obesidad y sedentarismo ? Y ¿ cómo se puede revertir? El sobrepeso y obesidad, condicionantes de la aparición de muchas enfermedades y en especial de las cardiovasculares, son debidos a un desequilibrio entre la energía consumida en la alimentación y el gasto energético que realizamos. Y aunque ambas se han alterado, es la segunda parte de este binomio, donde de manera dramática se han producido cambios importantes y no positivos, debido a un descenso de la actividad física e incremento de sedentarismo, hábito de estar sentado. Este descenso de la actividad física viene determinado por el uso del automóvil, los hábitos laborales frente a la computadora, el número de horas sentados ante la TV (una media de 4 horas diarias) etc. En las encuestas sobre la actividad física, el número de personas sedentarias, aquellas que hacen muy poca actividad física, se mueven poco y están sentados mucho tiempo, supera el 70% de la población. La paradoja es que ha incrementado en conjunto el número de personas que hacen ejercicio regularmente algunos días a la semana.

Y esto, que es útil y beneficioso, es insuficiente para contrarrestar el incremento de inactividad por el sedentarismo en el resto de nuestra vida diaria. Además hoy conocemos que la actividad física determinada por el estar de pie, caminar para desplazarse y otra pequeñas actividades en la vida laboral así como en el ocio, tiene connotaciones positivas sobre nuestras arterias, que van más allá de evitar el aumento de peso, ya de por sí muy importante. Y, sin embargo, estas actividades, que no son ejercicio físico pero sí actividad física, tan beneficiosas para la salud, las hemos ido abandonando por condicionantes de nuestros hábitos y el entorno ciudadano, laboral y lúdico. Aquí hay una ingente labor por parte de los responsables en educación, en el diseño de las ciudades y su transporte, en la regulación laboral, pero también en el compromiso individual.