Hoy hablará Pujol, un personaje listo como pocos que dominó la escena política durante décadas. Las dos veces que lo entrevisté para La Voz cumplió como una lagartija el adagio que manejan los políticos veteranos y que dice: tú pregúntame lo que te apetezca, que yo te contestaré lo que me dé la gana. Hoy seguirá esa línea de actuación ante el Parlament. Pero, cuidado, la corrupción de la familia Pujol no tiene nada que ver con la consulta de Mas. Tal y como está la clase política (ojalá tuviésemos políticos con clase), agitar la causa Pujol puede distraer de lo importante, que es la secesión o no de una parte del territorio. Desde la Moncloa, hasta asesores de Rajoy, es lo que han pretendido. Pero es evidente que la corrupción no se identifica con ninguna bandera. No son más corruptos en determinada comunidad. Y están en marcha procesos en toda España. De Galicia a Baleares. Es un fenómeno tan transversal como la ruina del fútbol. Los negocios y evasiones de la familia Pujol hay que investigarlos hasta el final. Pero que el humo de Pujol no ciegue los ojos del proceso catalán. Si escuchamos solo las troneras mediáticas de Madrid (que lo último que quieren es mediar), nos podemos quedar con esa ecuación simplista: todos los catalanes son así, algo que no tiene sentido. Habrá corruptos en Vilafranca del Penedés como los habrá en las Chafarinas. Supongo que nadie quiere volver al verano de 1714 y al sitio de Barcelona.