Donde hay patrón


H asta los que nunca navegamos sabemos que «onde hai patrón non manda mariñeiro». Por eso, pensar que el responsable único de la fracasada reforma de la ley del aborto fue el ministro Gallardón es de una simplicidad infantil. Y creer que dimitió para enjugarse el rostro es no menos ingenuo.

La reforma del aborto iba en el programa del PP. La defendieron todos los miembros del Gobierno, diputados, alcaldes, allegados, camaradas y amigos. Gallardón fue el que puso la cara, pero uno más de toda la troupe que nos explicaron la necesidad de la reforma a todas las horas del día y de la noche. Es posible incluso que fuese un poco más allá de lo que el propio presidente Rajoy quería, pero el afán de protagonismo y arrogancia explican esa defensa a ultranza de un proyecto que acabó en la papelera.

El ministro se autodecapitó, quizás era lo acordado, pero no es el responsable último de un asunto que se manejó con absoluta torpeza y que ha sido capaz de molestar, disgustar y enfadar a los que se posicionan a su derecha, a su izquierda, a su lado; a los de arriba y a los de abajo. No queda ciudadano en este país que no haya tomado posición ante un proyecto que se nos fue vendiendo por capítulos para ilusión de quienes hoy se ven frustrados y desilusión de los que hoy nos sentimos aliviados. Tratar de colocar la reforma del aborto en el equipaje de Gallardón es una maldad. Hay más responsables.

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