Ahí os quedáis


A diós a la cartera de ministro y adiós a treinta años de político, Gallardón se va de todo. Experto en amagar, esta vez sí salta de la tabla. Camaleónico, verso suelto del PP, duelista favorito de la cólera de Aguirre, Alberto Ruiz-Gallardón pasó de ser en teoría la cara más progresista de la derecha a convertirse en la más rancia impulsando una vuelta al pasado con su propuesta de ley del aborto. Reforma de la ley que pretendía viajar hacia el pasado, hacia antes del año 85 y más atrás. Ya decía su padre: «Si creéis que yo soy de derechas, es que no conocéis a mi hijo». Las encuestas les han soplado a los expertos del partido que seguir con la ley sin consenso, contra casi todos, menos los sectores más conservadores, les iba a perjudicar electoralmente. Y no está la urna para quemar votos. Rajoy da marcha atrás y aborta un proyecto de ley que solo generó disputas. Tras el anuncio del presidente, el que no dio marcha atrás fue el ministro. El político experto en jugadas arriesgadas (triplista nato, amigo de tirar de tres por si entran) mantuvo una relativa coherencia final y se inmoló al comprobar que sus compañeros del Consejo de Ministros le dejaron solo. No hay que olvidar que este proyecto lo aprobó todo el Consejo de Ministros. Solo la oposición, cada vez más ruidosa en los sectores más moderados y centristas del PP, empezó a dificultar una reforma de la que parecía que Rajoy no se iba a apear. Donde dije digo, digo... Gallardón cosechó mayorías absolutas y ridículos olímpicos. Amigo de proyectos faraónicos, dejó el Ayuntamiento de Madrid endeudado hasta el siglo XXIII, como si en vez de alcalde hubiese sido presidente de un club de fútbol. Ahora se retiran: él y la ley. Se va desairado y desairando.

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