El aborto voluntario es un fenómeno universal, admitiéndose que se ha producido durante toda la historia, pero la actitud de los pueblos ante tal hecho ha variado dependiendo de condicionamientos políticos, sociales y religiosos. Aunque se sabe que se ha practicado en algunas sociedades primitivas, pocos grupos le dieron una aprobación incondicional. Las circunstancias que, al parecer, lo han condicionado más han sido la soltería, el adulterio, la violación, el incesto, y la enfermedad materna.
No hay referencia alguna al aborto en el Antiguo Testamento y la mayoría de los filósofos griegos, en especial Platón y Aristóteles lo aprobaron por razones eugenésicas. El Nuevo Testamento no se refiere en ningún lugar al aborto, pero la ley cristiana desde sus orígenes lo ha prohibido. No obstante, en algunos concilios llegaron a hacer la distinción entre «feto no formado o sin alma» y «feto formado o con alma». El jesuita Leonardo Lesius y San Alfonso justificaron el aborto para salvar la vida de la madre cuando el feto estaba formado totalmente. El papa Pío IX eliminó la discusión de feto formado y no formado en 1869 y prohibió el aborto en todos los casos. La Iglesia protestante permitió el aborto por estricta necesidad médica en 1950. Después de la Segunda Guerra Mundial, los países de la Unión Soviética y Japón liberalizan el aborto, utilizándolo incluso como método anticonceptivo. Durante los últimos 40 años, la legislación referente al aborto se ha ido liberalizando en la mayoría de los países y de forma simultánea se fue incrementando su frecuencia.
En España se despenaliza el aborto en la ley orgánica de 5 de julio de 1985 en tres supuestos: «Que sea necesario para evitar un grave peligro para la vida o salud física o psíquica de la embarazada?» o «que el embarazo sea constitutivo de delito de violación?» o «cuando se presume que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas». En el proyecto de reforma del nuevo Código Penal de 1992 se propone la inclusión del cuarto supuesto despenalizador en los casos de un «estado de angustia o ansiedad» o «si hubiera menoscabo de la salud e integridad física o moral de la embarazada».
La Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de Interrupción Voluntaria del Embarazo del 2010 establece, además, que la mujer podrá interrumpir su embarazo sin alegar ningún motivo, siempre y cuando lo solicite en el plazo de las primeras 14 semanas de gestación (ley de plazos).
El proyecto de ley ahora paralizado por el Gobierno -y que se ha cobrado la dimisión del ministro de Justicia- no incluía las malformaciones ni los plazos como supuestos para la interrupción legal del embarazo. Respecto a lo primero, nos parece un error, porque en algunas de ellas la esperanza de vida al nacer es mínima o los defectos congénitos pueden ser de tal magnitud que no sean compatibles con una vida digna. Estimamos que una ley no debería dejar abandonadas a las mujeres embarazadas con semejante tragedia o que tengan que recurrir al supuesto de riesgo psíquico, que no es el caso, para que la interrupción fuese legal, obligando a las mujeres a mentir e implicando seriamente la actitud ética de los psiquiatras responsables del diagnóstico de la mujer.
El número de interrupciones de embarazo habidas en España desde 1985 hasta el 31 de diciembre del 2012 ha sido de 1.812.390. En ese año (no hay datos disponibles del 2013) el 91,3 % fueron por petición de la mujer (ley de plazos), 5,7 % por riesgo para la vida o salud de la embarazada y 2,8 % por riesgo de graves anomalías en el feto (malformaciones). Se puede estimar, por lo tanto, que más de un millón seiscientos mil abortos ocurrieron en embarazos no deseados, sin ninguna otra causa conocida, que podrían haber sido evitados si se hubieran adoptado las medidas anticonceptivas pertinentes.
Los católicos debemos comprender que la legislación española debe ser la propia de un Estado aconfesional, pero los ciudadanos en general, independientemente de nuestras convicciones, debemos comprender también que el Estado debe de proteger la vida del no nacido. El número de abortos habidos en España y en el mundo es aterrador si tenemos en cuenta que más del 90 % ocurren en mujeres sanas con fetos normales. Es preciso hacer un enorme esfuerzo pedagógico para que se eviten los embarazos no deseados, que colocan a la mujer en una situación de enorme sufrimiento.