El nuevo Corán soberanista

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

20 sep 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Lo más entretenido del día está en el festival de reacciones e interpretaciones de la clase política de lo ocurrido en Escocia. Se ha vuelto a confirmar que, pase lo que pase, nuestros sabios dirigentes siempre ganan. Da igual que sean unas elecciones o un referendo en otro país. Veamos una pequeña muestra. Para Durão Barroso, está claro que Europa sale fortalecida. Para el partido de Artur Mas, es una victoria de su derecho a decidir. Para Esquerra Republicana, la consulta dejó en evidencia a Rajoy. Para Rajoy, ha sido un triunfo de la legalidad. Para González Pons (PP), ganó la mayoría silenciosa, que ya sabemos que es la que no se manifestó en la Diada. Para Pedro Sánchez, ganó él mismo, porque el mandato escocés es que se reforme la Constitución. Y así sucesivamente.

Por extensión de estas festivas consideraciones, se podría decir que la extinta UCD ha obtenido una victoria póstuma, porque el primer ministro Cameron se dispone a dar más competencias a todas las demás regiones, y eso supondrá la versión británica del «café para todos» con que nació nuestro Estado de las autonomías. Gana también Duran Lleida, porque es un catalán que no quiere la independencia, sino más autonomía, que es lo conquistado por Escocia. Y, en fin, han ganado los inversores en Bolsa, porque los mercados han recibido el resultado del referendo como una bendición para el capitalismo y se pusieron a subir. Ellos son los ganadores. Tendría que haber una consulta así cada semana, y seguro que mejoraba la economía.

Dicho eso, descendamos a nuestra realidad. Tal como se han pronunciado los principales agentes de nuestro drama interior (Rajoy, Sánchez, Mas y Esquerra), las cosas siguen igual que estaban antes del jueves. No se han movido ni un milímetro. Rajoy sacó fuerzas para seguir invocando la sagrada legalidad y Mas vio confirmado que un referendo es una cosa muy sugestiva. Se puede perder, pero le permite salir del carajal en que se encuentra, y a él lo situaría en el centro del mundo, como situó a Salmond, aunque después se haya visto obligado a la dimisión.