Un empujoncito


Se quejarán los pensionistas gallegos, se quejarán porque son muy llorones, pero no tienen motivo para ello. Son unos privilegiados; sus pensiones han vuelto a revalorizarse y, según informó ayer este periódico, tendrán un incremento medio de 1,75 euros. Mensuales, eso sí. Que con tanto jubilado como hay es una pasta que se nos va y luego no tenemos para vueltas ciclistas, obras de atrezo, Gaiases, guateques y rescates bancarios.

Dice Mario Beramendi en las páginas de este periódico que la subida es tan insignificante que ni les llega para dos cafés. Y me pregunto: ¿Tienen que tomar café los pensionistas? ¿No es un lujo que un pensionista tome dos cafés al mes? ¿No tomaron suficientes cafés a lo largo de su vida?

Nuestros pensionistas, una cuarta parte de la población gallega, que tiene las prestaciones más bajas de España, no precisan de gastos innecesarios y superfluos. Barrita de pan, alitas de pollo, gaseosa y mucha tele. Por eso, sin duda, tienen las pensiones que tienen. No necesitan más. Aquí, con el mal tiempo que hace y con lo que llueve, lo mejor es que se queden en casa, a la espera de lo que dicte la providencia.

Ya nos dijo Christine Lagarde, que es una señora modélica en sus comportamientos, y nos lo adelantaron otros muchos, que los españoles vivimos demasiado. Nos estancamos en esta vida y no hay forma de largarnos; no reparamos en que no hay que dar tanto la lata. De ahí que subiendo las pensiones 1,75 euros al mes, lo que nos están haciendo es darnos un empujoncito hacia mejor destino. A ver si de una vez dejamos sitios libres. Que es lo que desean.

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