El trío Los Ligeros


Los catalanes van a lo suyo y son muy poco agradecidos. Entre las muchas consignas coreadas en la multitudinaria Diada no tuvieron el detalle de tener un recuerdo, un agradecimiento, o una palabra de gratitud para los componentes del trío Los Ligeros, sin los que nada de lo que les ocurre y nos ocurre hubiera sido posible. A ese trío de grandes eruditos les debemos el mérito de haber llegado aquí.

Porque a la mayoría de los españoles nos resulta indiferente si la Diada catalana tuvo 22 o 22 millones de manifestantes o si la V era de 11 kilómetros o de 11 metros. Lo que nos interesa es la situación en la que estamos por desidia, desinterés e incapacidad. El soberanismo se abre paso a grandes zancadas y la situación resulta casi irreversible por la imprudencia e inconsciencia de tres tenores que se empeñaron en complicar las cosas. Tres atolondrados que jugaron y juegan con fuego sin ser conscientes de ello.

Aquel 13 de noviembre del 2003 cuando el gran Zapatero dijo aquello de «Pascual, apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán», iniciamos un camino hacia el sinsentido que asfaltó Artur Mas saltándose todas las normas de juego y ajustándolo a sus ambiciones y que trató de finiquitar Mariano Rajoy, haciendo oídos sordos y mirando hacia el lado contrario al que discurren las reivindicaciones.

Y entre el presidente que nos llevó a jugar en la Champions League, que después resultó ser la Segunda Regional, y el que nos saca de crisis pese a que nos mata de hambre, y el catalán que es el único que sabe adónde quiere llegar, nos metieron en este galimatías.

A ese trío Los Ligeros es al que los soberanistas catalanes le tienen que estar reconocidos. Porque solo su inconsciencia y su imprudencia han hecho posible la pesadilla que vivimos. Solo por estos tres atolondrados.

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