Ya hay analistas que le llaman así. Como el héroe del videojuego. Y es que Mario Draghi parece que es el único que tiene sangre en Europa. Dicen que sus decisiones arriesgadas están avaladas hasta por Ángela Merkel y sugeridas por Janet Yellen, la presidenta de la Reserva Federal. ¿Quién lo sabe? Pero lo cierto es que tirar el precio del dinero ha sido una opción valiente para evitar que la recuperación económica en Europa se frene del todo. Y apretar a los bancos para que el dinero llegue a los ciudadanos también. Si comparamos los últimos gestos de Mario Draghi al frente del BCE con el culebrón monumental de los líderes europeos para nombrar los cargos en la UE, nos daremos cuenta de que este continente sigue raptado, como la leyenda del nombre de mujer que lleva el continente. No podemos seguir tardando meses en dar pasos o nos condenaremos a confirmar que hemos pasado de viejo continente a continente viejuno, no solo en la deprimente pirámide de población (de pirámide ya tiene poco, es más bien un dramático trapecio del revés, que cada vez se estrecha más por la base y le aumenta la macrocefalia, hasta que las legiones de mayores aplasten a los escasos infantes). A la agilidad de otras economías y otras políticas no le podemos enfrentar movimientos de elefante. Así pasa lo que pasa otra vez en el patio de atrás con Ucrania y Rusia. Necesitamos más decisiones y menos comisiones para no terminar en mausoleo.