¿Hemos perdido el Oremus?

Xavier Lombardero TIRAR DO PAU

OPINIÓN

Sí que da coraje ver esas carreras de borrachos en calzoncillos. En lo estético no dice gran cosa de lo que somos pero sí sobre lo que podemos llegar a ser. Por disculparla un poco, cuando la encendida tropa se tira beoda a las playas, caneiros y romerías, pierde no más que la vergüenza, el respeto y un par de dientes. Los que dan miedo son los que se tiran al monte. Ahora parece que todo quisqui se cree capacitado para subir y bajar montañas al trote. La percepción del riesgo, mucho me temo, es baja tanto entre los participantes de raids y trails, como entre los propios organizadores.

Y esto es lo peor, porque consta que en estas pruebas de aventura, donde se arriesga con los precipicios y el mal tiempo abundan, precisamente, miembros de las fuerzas de seguridad. Puede que ellos tengan experiencia y arrojo para lanzarse a maratones diurnos y nocturnos en los que, cuanto más alto y más duro, mejor, pero hay gente que, aunque pague la cuota de inscripción y esté fuerte como un roble para ir a zapatilla, en bici, canoa, parapente o sobre cualquier otro chisme, no domina la orientación ni la prudencia necesarias en la montaña. La inexperiencia, el exceso de confianza también desafían, nunca mejor dicho, la entrega y sentido del deber de los rescatadores. Un rescate nunca sale gratis. Se vio en la montaña leonesa, con el resultado de tres guardias muertos. ¿Es necesario buscar estos límites y heroicidades? ¿Hay que coquetear con el accidente? ¿Qué demuestran tomando al asalto las aristas y zonas vírgenes de Ancares o los Picos de Europa? Si me dicen: «tú trae una foto desde allí y te damos tantos puntos», ya me borro. Menudo juego.

Se pierde el sentido del límite, también el Oremus. Y la vida.