Al verano parece no gustarle el calendario. No siempre se ciñe a las fechas señaladas ni le sonríe a los chiringuitos en temporada alta. En los últimos tiempos Galicia ha vivido una ola de incendios bajo el sol de invierno. Y el despliegue de medios se ha extendido al otoño cuando a los estertores de septiembre y a los comienzos de octubre se les antojaron temperaturas estivales. El fuego ya no es un fenómeno estacional y será necesario adaptarse a estos nuevos biorritmos en materia de prevención y de extinción. Pero en el 2014, a pesar del mal tiempo, persiste una triste evidencia. En lo que va de año han sido detenidas setenta personas. Siguen actuando incendiarios inasequibles al desaliento que se enfrentan incluso a los elementos con tal de convertir la tierra en ceniza. A ellos tampoco parece importarles el calendario. Ni las estaciones. Ni el tiempo. Ni Galicia. Son los que odian cualquier primavera.