Más sobre Ignacio de Loyola y el PNV


Ramón Irigoyen publicó el pasado 10 de agosto un estupendo artículo sobre Ignacio de Loyola y la apropiación que del santo ha hecho el PNV desde que Sabino Arana eligió para la fundación del partido un 31 de julio, festividad de San Ignacio de Loyola.

Irigoyen contraponía la nota de prensa que bajo el título Nota San Ignacio hizo el PNV con motivo de sus 119 años, con la biografía que el historiador Enrique García Hernán ha dedicado al fundador de la Compañía de Jesús y figura relevante de la historia española.

En esa contraposición, Irigoyen resaltaba el uso que el PNV hace de Ignacio de Loyola, hasta el punto de fijar la fecha de constitución del partido en la festividad de San Ignacio para beneficiarse de la protección del santo y recordar que todos sus miembros son hijos de san Ignacio, con la manera en la que García Hernán encara su biografía, en la que «separa la idealización religiosa de la realidad que nos muestran los documentos», permitiendo al historiador trazar «el retrato no del santo que Ignacio de Loyola iba a llegar a ser, sino del hombre que fue».

Pues bien, añadiré algo más al artículo de Irigoyen. Visitar en Azpeitia el complejo monumental y religioso construido alrededor de la casa-torre natal de Íñigo López de Loyola es constatar hasta qué punto el PNV se ha adueñado de la figura del fundador de los jesuitas, hasta borrar todo vestigio de su españolidad.

¿Y cómo ha sido posible esto? Pues por la acción taimada del PNV, la dejación de la administración central y el consentimiento, es de suponer, de la Compañía de Jesús.

En 1989 se efectuaron obras de reforma de la llamada Casa Santa para recuperar el ambiente original y poner a punto el conjunto monumental para la celebración en 1991 del quinto centenario del nacimiento del santo. Estas obras fueron parte de un programa más ambicioso que incluía la restauración del pórtico y de la cúpula de la basílica, que se llevaron a cabo posteriormente, entre diciembre del 2000 y julio del 2002.

La casi totalidad del coste de estas obras corrió a cargo del Gobierno Vasco y de la Diputación de Guipúzcoa, ambas en poder del PNV, quienes, aprovechando la ocasión, montaron e inauguraron una exposición permanente de Ignacio de Loyola en la que su vida, narrada en dibujos, pinturas, mapas, cartas de navegación y objetos personales, discurre en un reino sin nombre, de una corte sin nombre y con unos compañeros de viaje también sin nacionalidad. Por ningún lugar figuran las palabras España, español o españoles. Todo muy jesuítico, todo muy peneuvista.

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