El ébola nos salió desobediente


Tenemos un problema, porque no entiende, no quiere entender o, directamente, es desobediente. El ébola tiene que comprender que los humanos trazamos unas fronteras que no se pueden pasar cuando a uno le venga en gana. Que las divisorias están para algo y que hay que pedir autorización para superarlas y decir a dónde se quiere ir y qué se quiere hacer. Pero el ébola va por libre y sin encomendarse a dios ni al diablo se pasa de un país a otro y comienza a pasearse por el mundo poniendo en riesgo las vidas de quienes vivimos en unas sociedades muy modernas y muy avanzadas. Todo porque no comprende que las fronteras no se ponen por capricho y que hay que respetarlas y que, si no se respetan, ha de atenerse a lo que llamamos una desobediencia solemne.

Las autoridades sanitarias de este mundo nuestro están sorprendidas por su rápida expansión. La Organización Mundial de la Salud incluso se ha puesto seria, por una vez, y asegura que subestimamos la magnitud de la tragedia. Y es que, por lo visto, no contaban con tal grado de desobediencia y aguardaban a que el ébola fuese disciplinado y mandado y se abstuviera de ir más allá de Liberia. Que es lo que se le dijo que hiciera, pero no hizo ni caso. Y esta gente está acostumbrada a que, con mejores o peores modales, nos dejemos llevar por donde ellos nos marcan.

Si quienes dicen que dirigen este planeta supieran, como sabemos casi todos los demás que no somos tan avispados, que el ébola no obedece a razones, habrían programado su combate en la misma raíz. Y allí lo habrían atacado el primer día. Pero como creyeron que se iba a quedar en su país de origen, como hacen la mayoría de las poblaciones del planeta, pues se dedicaron a cerrar fronteras y a rescatar a media docena de afectados.

Lo advirtió incluso Miguel Pajares a finales de junio señalando que carecían de medios para afrontar la catástrofe. Y así seguimos a día de hoy.

Dejó dicho Séneca que parte de la curación está en la voluntad de sanar, pero en este día de San Roque la única voluntad que mueve el mundo es la de cerrar fronteras e impedir el tránsito. Y en estas, nos ha salido el ébola, que nos quiere amargar la vida porque es indisciplinado. Porque hay que ser rebelde y necio para no entender que las fronteras que marca el hombre no se pueden sobrepasar así como así, por mucho ébola que seas.

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