El loco de Granada


A sí fue considerado el portugués Juan de Dios, quien en el siglo XVI vivió lúcidamente el testimonio de la solidaridad. Fue un agente de la hospitalidad, no un teórico ni un filósofo de la hospitalidad. Su perspectiva fue eminentemente práctica, pero partía de una profunda espiritualidad: el indigente, el forastero, el enfermo, el pobre y el humillado son considerados, desde los ojos de la fe, expresiones vivas de Cristo. Para él, el hospital era un lugar sagrado, auténtica casa de Dios abierta a todos los pobres desamparados, sin distinción. Se dedicó a hacer el bien de manera universal, pero sobre todo a los más discriminados: enfermos incurables, locos y personas con discapacidad.

Y así era también Miguel Pajares, fiel al carisma de San Juan de Dios. Lo conocí y lo traté en Madrid en la década de los 90. Nuestro punto de encuentro fueron las personas con discapacidad intelectual, y juntos trabajamos en varios proyectos para mejorar la calidad de vida de este colectivo. Luego, yo me vine de nuevo para A Coruña y él regresó a su amada África. La identificación con el dolor humano marcó toda su vida. ¿Quién le sustituirá? Más allá de las emociones y el puro sentimiento, que como vienen se van, deberíamos vivir lo acontecido como una llamada y preguntarnos, en la soledad de nuestra conciencia, qué estamos haciendo realmente por construir un mundo más justo y fraterno.

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El loco de Granada