Qué decepción. Estaba uno exultante después de que el presidente del Gobierno confirmase, antes de irse de vacaciones, que hemos entrado de forma decidida en la senda de la recuperación y que estamos saliendo de la crisis sin dejar desguarnecidos a los más débiles, y vienen los agoreros de siempre, que no descansan ni en agosto, a enfriar los ánimos.
Resulta que la Consellería de Benestar está comunicando a muchos beneficiarios gallegos de ayudas por dependencia la revisión de la cuantía de sus prestaciones. Y no al alza, como cabría esperar de los optimistas anuncios de salida de la crisis sin dejar tirados a los más débiles, sino para reducirlas. Es decir, la tijera recortadora de los peores tiempos. Y se preguntan esas personas cuándo llegará para ellas la pregonada recuperación.
Es algo que siguen preguntándose, también en agosto, las decenas de miles de personas que están en España en listas de espera para recibir prestaciones por dependencia.
Y ahora que por fin el número de parados ha bajado hasta las cifras que se encontró Rajoy al llegar al Gobierno, los más de dos millones y medio de parados de larga duración que se han quedado sin prestaciones siguen preguntándose si en algún momento van a ser recuperados para el trabajo. Y se preguntan los profesionales de la sanidad y quienes tienen que acudir a ellos si esa recuperación firme, y cada vez más sostenida, empezará a tener reflejo en las plantillas del Sistema Nacional de Salud, que tiene ahora 28.000 empleados menos que hace un par de años. O los de la enseñanza, con 24.000 profesores menos.
La recuperación es un hecho. Que los más débiles no quedan desguarnecidos, es más dudoso.