Prometo por mi conciencia y honor no robar. Prometo observar la Constitución y no mentir a los ciudadanos. Prometo guardar y hacer guardar el Estatuto de Autonomía y, de paso, no prevaricar ni colocar a mis amiguetes -o a los amiguetes de mis amiguetes- en puestos públicos. Prometo hacer cumplir las leyes sin utilizar mi cargo para conseguir favores, sin dejarme influir por grupos de poder y sin ocultar mi patrimonio en Suiza. Prometo ejercitar mis funciones en el interés supremo y exclusivo de Galicia sin cobrar sobresueldos ni conseguir mordidas para mi partido político. Prometo -y hasta juro- no prometer lo que no puedo cumplir.
La fórmula habitual para tomar posesión de un cargo público en Galicia es ligeramente distinta. Pero tal vez esta se ajuste mejor a las necesidades de estos tiempos. Además, sigue la lógica de la Xunta de Galicia. El Gobierno gallego envía una carta a los pobres a los que otorga la risga (unos 400 euros al mes) para recordarles que no pueden ejercer la mendicidad ni la prostitución, pues la ley lo impide. La Xunta dice que lo hace para no fomentar «acciones contrarias a la dignidad». Cuando los perceptores de la renta social abren el sobre, este despide un hediondo tufo a moralina barata.
Y bueno. En vista de que hoy en día una ardilla podría atravesar la Península Ibérica saltando de imputado en imputado sin tocar el suelo, propongo que los conselleiros, secretarios xerais, directores xerais, diputados, presidentes de diputación, alcaldes, concejales y pongan ustedes el etcétera, tomen posesión de sus cargos prometiendo que no harán lo que ya les está prohibido, aunque los juzgados echen humo. Por dignidad.