Secar el océano

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Cuando las aguas mansas del Bernesga vieron desatarse sobre la pasarela peatonal del río la rabia criminal, empezó una tormenta de arena de dimisiones. Habían asesinado a una política y algunos políticos tuvieron que dejar su puesto por comentarios fuera de tono en las redes sociales. Fue la factura de la corrección pública. Es la f(r)actura de lo políticamente correcto. En seguida dos bandos hicieron brillar sus argumentos. El bando: el anonimato de las redes es un peligro y hay que controlarlas ya. Y el bando de, por favor, no me toquen la libertad de expresión. Unos y otros están a salvo. Es imposible secar el océano y ya existen mecanismos para perseguir o por lo menos intentarlo a quienes se dedican a destrozar vidas y biografías con comentarios que son básicamente delitos. Injurias y demás están en el Código. Lo que no podemos es sacar las tijeras para podar a todos por unos pocos. La Red es como es. Vasta, basta e incontrolable. Eso la hace hermosa y terrible. Todo lo escrito pesa. Las frases desde que existe el lenguaje es mejor que las cargue la razón que el odio. Claro que hay que medirse. Pero jamás debemos pedir que nos midan por ley o terminaremos como en China. Y hay que continuar persiguiendo los disparates que vulneran el Código penal, incluso con los valientes que lo hacen bajo el cómodo velo del anonimato más cruel.