La avidez del ser humano


La situación en los puntos calientes del planeta no para de recrudecerse. Egipto, Libia, Afganistán, Iraq, Siria, Ucrania, Nigeria, República Centroafricana, Sudán del Sur, Palestina... Estos conflictos llevan enquistados décadas y obedecen a enfrentamientos étnicos, expolio de recursos naturales, tráfico de drogas, pobreza crónica, hambrunas, sequías, luchas de poder, diferencias religiosas. Todas estas causas, a mi criterio, se resumen en una: la avidez. Porque, como dijo Epicuro, nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.

Escribo este artículo contra la insaciabilidad de tantos, un rasgo profundamente arraigado en el ser humano que ha sido intensificado por el capitalismo, que lo ha convertido en los cimientos de la sociedad y, con ello, ha exaltado los monstruos de la codicia, la envidia y el afán de poder, todos ellos moralmente repugnantes. Y ha entronizado aquello de que el fin justifica los medios. Con la ayuda inestimable de la publicidad, primero; el máketing, después, y ahora el neuromárketing: todo con tal de exacerbar el consumo, que confundamos nuestros deseos con nuestras necesidades y que no veamos más allá de nuestro ombligo.

Así los ricos ganan más y más. Es hora de introducir un punto de cordura. Porque este delirio sólo provoca conflicto y nos aboca al fracaso como civilización.

No sería la primera vez; sólo que ahora el colapso tendría dimensión planetaria.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
34 votos

La avidez del ser humano