No puedo perder este tren. Corro sin descanso hacia la estación de Chamartín, me pongo a la cola y espero impaciente mi turno. Hoy es un día muy especial. Es la noche grande de Galicia, llena de fiestas y fuegos de colores. Los nervios se apoderan de mí. Mi familia y amigos me están esperando. Para muchos, es una sorpresa.
Al subirme al tren, me encuentro con mi compañera de viaje. Me estaba esperando. Su mirada oscura decía que venía a buscarme. Pero nadie se imaginó que viajaríamos juntas.
De estación a estación, ninguna de las dos se atreve a romper el sonido del silencio. Miro el reloj, faltan escasos minutos para llegar a Santiago.
El tiempo se para cuando tomamos la curva. Ella me abraza con fuerza, agitando todo mi cuerpo, acariciando mi cara. Agarra mis manos y me susurra al oído: Te queda poco tiempo, poco aliento. Esas fueron las palabras que terminaron con mis ilusiones, llegando cuando menos lo esperaba, cuando quería volar, cuando quería cumplir mis sueños.